Por Luciano Crisafulli y Juan Candiani.

Por mucho tiempo se han asociado en forma casi exclusiva las oportunidades laborales al título académico. Aquellos que tenían la oportunidad de recibirse con el título de doctor o licenciado tenían casi asegurado un cierto nivel de ingreso económico. Sin embargo, este panorama parece estar cambiando. En enero pasado, el Foro Económico Mundial publicó un estudio sobre el impacto que las tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial tendrán en el mercado laboral. Este estudio afirma que “alrededor del 65% de los niños que está hoy en la escuela primaria terminarán dedicándose a disciplinas hoy inimaginables”. En la misma línea, Martin Migoya del unicornio tecnológico Globant nos recuerda que “hace 15 años no nos imaginábamos estos trabajos que hacemos ahora”.

La evolución continua de las tecnologías hace obsoletos algunos tipos de trabajo. Y no se trata solamente del oficio de chofer que puede desaparecer por el surgimiento de automóviles que no requieren conductor como los de Tesla Motors o Google; esto afecta incluso a una gama muy amplia de servicios profesionales como la medicina, la abogacía o la contabilidad. Sin ir más lejos, Quiena, una startup financiada por Alaya Capital Partners, ofrece hoy servicios de asesoramiento financiero automatizado para pequeños y medianos inversores de clase media. En otras palabras, trabajos que jamás hubiéramos pensado que algún día podían ser programados por computadora ahora lo son y sugieren revisar el tipo de formación que debemos brindar a los más jóvenes.

Con el tiempo, los mejores empleos irán surgiendo en la innovación, en tareas novedosas para las cuales quizás no existan carreras estructuradas sino que dependan de un aprendizaje no tradicional. En este sentido, el emprendedorismo innovador está reinventando la manera de aprender y de trabajar. Al operar en la vanguardia, por lo general, estos emprendimientos forman a sus empleados en vez de usar su formación. El emprendedorismo busca y contrata capacidades y actitudes más que credenciales.

Incluso las grandes empresas a la hora de buscar gerentes están guiándose más por la capacidad de aprendizaje, de adaptación a los cambios y de resolución de problemas de los postulantes antes que en sus pergaminos. Como afirma Diego Bekerman, Gerente General de Microsoft en Argentina y Uruguay, “las personas y las máquinas tenemos capacidades diferentes y cuando se une una poderosa computación como la Inteligencia Artificial que permite razonar sobre grandes cantidades de datos y detectar patrones que las personas no podemos discernir, con las capacidades inherentes a los seres humanos como la creatividad, la empatía y la emoción, el resultado es el incremento de nuestra capacidad para resolver los problemas más críticos que tenemos como sociedad”.

No se está poniendo en discusión aquí la importancia que tiene en el desarrollo profesional de un emprendedor la gran oportunidad que implica el poder realizar estudios en una organización formal. Se sabe de las virtudes que tiene desarrollar experiencias de aprendizaje y vinculación en un ámbito académico como es la universidad. Sin embargo, el emprendedor debe complementar la formación tradicional con otras fuentes alternativas de aprendizaje que le permita desarrollar las capacidades antes descritas.

De allí la importancia de fomentar en los más jóvenes el aprendizaje técnico, flexible y multidisciplinar, que facilite el trabajo colaborativo y multicultural, que sea tolerante al fracaso, que promueva la creatividad para la generación de nuevas ideas y que permita concretar esas ideas en nuevos proyectos con alto valor agregado e impacto social positivo.

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